Renault y la Fórmula1: 40 aniversario

Se cumplen cuatro décadas de la llegada de Renault a la Fórmula 1. Pocas marcas han irrumpido con tanta fuerza, imponiendo la tecnología Turbo en los inicios y logrando a lo largo de los años dos Campeonatos del Mundo de Pilotos y de Constructores, junto a una quincena más obtenidos por sus motores.

Renault ha sido de las pocas marcas a las que le ha costado muchos años incorporarse a la Fórmula 1. Desde el trágico accidente de la carrera París-Madrid de 1903 (en el que falleció Marcel Renault), la marca francesa abandonó la competición prácticamente hasta los años '50. Luego la asociación con Alpine y Gordini la transformaron en una marca con ambiciones deportivas que sucedió a Matra en el Olimpo automovilístico francés. Rallyes aparte, su objetivo fueron las 24 Horas de Le Mans (que logró ganar finalmente a Porsche en 1978) antes de dar el salto a la F-1 con una tecnología entonces inédita: el Turbo.

Renault había amasado una gran experiencia con este tipo de motores en su programa de Resistencia, pero en Fórmula 1 tendría que enfrentarse a los propulsores de 3 litros atmosféricos con uno sobrealimentado de sólo litro y medio. Y además, construir un monoplaza competitivo frente a los Ferrari, McLaren, Lotus o Tyrrell...

El "Equipe Renault-Elf" se basó en 1976 en Viry-Chatillón, a las afueras de París, bajo la dirección de Bernard Dudot y rodeado de un equipo de grandes ingenieros y especialistas; entre ellos que se encontraba Jean-Pierre Jabouille, que hacía a la vez de piloto, probador y técnico.

El monoplaza-prototipo fue denominado RS-01 y montaba el V6 de Le Mans rebajado a 1,5 litros y equipado de un turbo, que en los primeros años produjo enormes problemas de fiabilidad y de tiempo de respuesta. Debutó en el G.P. de Inglaterra de 1977, pero tardó un año en conseguir sus primeros puntos.

Renault ya fue competitiva en 1979, alineando un equipo completo con dos coches tipo RS10 (con doble turbo y "efecto suelo) para Jabouille y René Arnoux. Y finalmente obtuvieron su recompensa con la victoria y el tercer puesto en el Gran Premio de Francia, en Dijón: la primera victoria de un motor turbo en Fórmula 1.

Los demás fabricantes no tardaron en copiarles, comenzando con Ferrari y siguiendo por BMW, Alfa Romeo, Ford... la "Era Turbo" acabó barriendo a los V8 y V12 atmosféricos durante la década de los '80. En Renault, un jovencísimo Alain Prost sustituyó al veterano Jabouille en 1981, ganando cada vez más carreras con los RS30 y RS40 -aunque la fiabilidad no fuera su fuerte- y situándose como favorito al título en 1983... sin embargo, el motor cedió en el último Gran Premio cediendo el título a Nelson Piquet.

Para Renault fue "un jarro de agua fría": Prost se marchó y la marca acabó abandonando la F-1 en 1985, limitándose a suministrar motores a otros equipos, como Lotus (donde fueron bien aprovechados por Ayrton Senna). En 1989, tras la prohibición de los motores turbo, Renault retornó como motorista de los equipos Williams y Benetton, que le dieron cinco Campeonatos del Mundo de Pilotos entre 1992 y 1997 (Mansell, Prost, Schumacher, Hill y J.Villeneuve)  y los seis de Constructores, gracias a las sucesivas versiones de su V10 atmosférico.

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