GP Trípoli 1939: La hazaña de Mercedes

Una historia digna de un "best seller": el exótico Gran Premio de Trípoli, en la Libia colonial de los años '30; una ofensa del automovilismo italiano al poderío alemán; y la respuesta de Mercedes, a pesar del enfrentamiento personal entre sus pilotos...

Para ponernos en contexto, Libia formaba parte de la nuevo "Italia Imperial" desde los años '20 del pasado siglo. Una provincia colonial situada al otro lado del Mediterráneo, rica en hidrocarburos. Trípoli, su capital, se había convertido en una próspera metrópoli europeizada y cosmopolita, tocada por el elegante estilo italiano.

Bajo el gobierno del mariscal Italo Balbo a comienzos de los años '30, prosperó rápidamente como si se tratara de una urbe romana. No podía faltar el Circo, así que se creó un circuito de carreras como no había otro en África (ni en muchas partes de Europa). Alrededor de las salinas de Mellaha se habilitó un trazado casi rectangular y rapidísimo de 13 Km de longitud, donde los hiperpotentes monoplazas de la época pudieran correr mucho y tuvieran que frenar poco. Mellaha contó con unas instalaciones envidiables: una esbelta torre de control que se divisaba en la distancia, tribunas para 10.000 espectadores y hasta sistema de salida por semáforo (cosa que ni Monza tenía). Y el Gran Premio además iba asociado al popular juego de la Lotería, que atribuía sus mejores premios a los billetes emparejados con los coches ganadores.

El nuevo circuito de Mellaha fue inaugurado en 1933 con triunfo de Achille Varzi y su Bugatti en el denominado "Gran Premio de la Lotería de Trípoli". Pero desde 1935 había sido feudo alemán, con victoria de las "flechas de plata" año tras año: Mercedes en 1935, Auto Unión en 1936 y Mercedes -de nuevo- en 1937 y 1938.

Las quejas de las marcas italianas (Alfa Romeo y Maserati, principalmente) a las autoridades fascistas de Mussolini dieron por fin su fruto: en 1939 el Gran Premio de Trípoli se reservó a las "Voiturettes" (el equivalente a la Fórmula 2 moderna), dejando fuera a los coches de Grand Prix (la actual Fórmula 1) donde arrasaban las marcas germanas.

La noticia cayó fatal en Alemania -sobre todo- a causa de la ironía con la que fue comunicada por sus rivales italianos... El orondo e inteligente director deportivo de Mercedes, Alfred Neubauer, reunió a la cúpula directiva de la marca ya la convenció de... ¡construir un coche sólo para ganar esa carrera!

Faltaban apenas ocho meses y había que desarrollar a la vez el nuevo W163 de Grand Prix (con motor V12 de 3 litros y 485 CV). Pero un conjunto de ingenieros se consagraron a diseñar el W165, dotado de un inédito motor V8 de 1,5 litros con compresor. En conjunto, el W165 "Voiturette" era el hermano menor del W163 "Grand Prix", un poco más pequeño, más ligero y con menos caballos (254 CV).

Cuando Mercedes-Benz realizó su inscripción en al Gran Premio de Trípoli, los italianos no daban crédito. En un tiempo record habían construido un monoplaza ¡y con más caballos que los Alfa Romeo y Maserati existentes!. La marca alemana alineó dos unidades para sus dos estrellas: el carismático Rudolf Caracciola y el rapidísimo Hermann Lang. Y los acabó "por los pelos" (el segundo, en la travesía del barco que los llevaba a Libia).

Frente a la amenaza teutona, Maserati preparó tres unidades de su inédito 4CL para Rocco, Trossi y Luigi Villoresi (que contaba con una espectacular carrocería aerodinámica para aprovechar las largas rectas). Y Alfa Romeo, nada menos que seis Alfetta 158 B oficiales, además de los coches de pilotos privados. Todos ellos contaban con motores de 1.500 cc con compresor volumétrico y más de 220 CV de potencia.

A la rapidez del circuito de Mellaha se sumó -aquel primer fin de semana de mayo de 1939- una ola de calor procedente del desierto que elevó las temperaturas hasta los 50 grados y cuyos golpes de viento azotaban a los monoplazas en las rectas y llenaban la pista de arena.

En esas condiciones terribles, Luigi Villoresi marcó el mejor tiempo en los entrenamientos con su Maserati aerodinámico, por delante de los Mercedes de Lang y Caracciola. La tensión generada por el calor y la enemistad entre los dos pilotos -Lang era un mecánico ascendido a conductor- junto a las imperiosas ordenes de Neubauer, estuvieron a punto de que ninguno saliera en carrera.

Finalmente el director del equipo impuso paz y estableció la estrategia: Lang saldría con poca gasolina y neumáticos usados, haciendo de "liebre" y "tirando" de los Alfa y Maserati hasta su repostaje. Caracciola, que salía con ruedas nuevas, entonces sólo tendría que echar unos litros y ganar la carrera.

Durante la parafernalia imperial italiana anterior a la salida, Lang preguntó a Neubauer qué indicaría oficialmente la salida: las luces del semáforo o el banderazo del mariscal Balbo. Consultado el reglamento, prevalecía el semáforo... ¡así que Lang arrancó como un cohete en cuanto se puso la luz verde sin esperar a que el mariscal bajase la bandera italiana!

El calor causó estragos entre los Alfa Romeo, que rompieron uno a uno sus motores por sobrecalentamiento, mientras Villoresi tenía que parar en boxes con el cambio de marchas bloqueado en segunda en su espectacular Maserati.

A media carrera, Lang seguía líder, ya por delante de Caracciola, que trataba de cuidar sus neumáticos mientras su compañero y rival apretaba "a muerte". En el repostaje, Lang rellenó el depósito y cambió sus cuatro ruedas (con palomillas y a base de martillo), mientras Caracciola sólo repostó combustible y salió primero. Sin embargo, el calor acabó destrozando sus neumáticos y, con gomas nuevas, Lang estuvo a punto de doblarle en las últimas vueltas, ganando su segundo GP de Trípoli.

Mercedes-Benz había humillado -en su terreno y con sus normas- a las marcas italianas (Emilio Villoresi -hermano de Luigi- acabó tercero con su Alfa Romeo a más de siete minutos...). Y el Mercedes W165 no volvió a competir. La Guerra Mundial puso fin al Gran Premio de Trípoli, que se disputó sólo una vez más en 1940. Mellaha se convirtió en una base aérea militar hasta la actualidad. 

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